Cuesta encontrar información en español sobre la isla de Amorgos, en Grecia. Aunque forma parte de las Islas Cicladas, es la más oriental de todas y la más cercana al archipiélago vecino del Dodecaneso. A la práctica, cuatro horas y media en ferry desde Atenas, distancia y tiempo que la mantienen alejada de reels, influencers y turismo internacional dirigido, incluso en agosto -en cambio, griegos y griegas sí la tienen muy en cuenta, lo que es buen indicador de lo que ofrece.
Amorgos es singular en su orografía. Alargada, abrupta, vertical, acantilada hacia el mar en su parte oriental y con dos bahías que sirven de puerto: Katapola, el principal, (en el centro) y Egiali (en el norte). Una isla ruda, salvaje, sin transiciones y por lijar. Ahí está su encanto, en ese sabor fuerte y poco destilado que tan bien casa con su nombre.

Nosotros destinamos 4 días completos a la isla, combinando playas, islas y pueblos (tres, sin contar Chora), y con el imponente monasterio de Panagia Hozoviotissa, encuevado a 300 metros de altura, como la ‘atracción’ más inesperada cuando piensas en una isla griega.
Cómo llegar a Amorgos
Llegar a Amorgos es fácil pero requiere 4 horas y media de trayecto en ferry desde el puerto del Pireo. Seajets no tiene apenas competencia, ya que es la que ofrece viajes diarios en verano, con salida a las 8.30 horas y vuelta sobre las 14.30. Suelen acumular retrasos de entre media hora y una hora…Tenedlo en cuenta para vuestra conexión con el vuelo de vuelta, si es que lo tenéis el mismo día.
Moverte por Amorgos
Tampoco hay singularidad aquí: alquilar una moto o un coche es casi imprescindible si quieres marcar tú el ritmo. No obstante, si te gusta dejarte llevar en todos los sentidos, que sepas que hay una red de autobuses locales que conecta las dos bahías -pasando por Chora- y también llega a alguna de las playas más bonitas (Kolataritssa, Agios Pavlos o Mouros, aparte de otras más). Nosotros alquilamos el coche a través de la compañía Mavros Rental, que a pesar de tener oficina en Katapola nos trajo el coche hasta Egiali, donde dormíamos.

Dónde dormir en Amorgos
Para alojarte en Amorgos cuentas con los 4 núcleos habitados principales: las dos bahías -recordemos, Katapola y Egiali-, Chora y los pueblos de Tholaria y Langada -luego hablamos de ellos. Los tres primeros concentran una mayor oferta y más servicios alrededor, con la playa delante o muy cerca, en el caso de Katapola y Egiali -esta última cuenta con dos playas fantásticas, la propia Egiali y la de Levrossos, de azules baleáricos, por buscar un imagen directa. Los dos pueblos ofrecen en cambio distancia y altura respecto al mar, si bien, se intuye, una experiencia más local y personalizada, por el tipo de alojamiento y la propia ubicación.
Nuestro hotel en Amorgos
Nosotros nos alojamos en el Aegialis Hotel & Spa, el único hotel de 5 estrellas de la isla. Sí, me imagino lo que estáis pensando al leerlo… Os explico: fue el capricho o lujo de estas vacaciones, eso es así, pero fue fácil decidirse gracias también al descuento que nos hicieron al explicarles que era periodista e iba a hacer un ‘post’ sobre nuestro viaje.
Se trata de un hotel ‘grande’, familiar pero ideal también para parejas, con 55 habitaciones organizadas con la lógica escala de lujo en su tipología, que culmina con una piscina privada saliendo de la propia habitación. No hay singularidad ahí, dentro de su rango.
Por lo que destaca realmente este hotel es por su ubicación y las vistas que esta ofrece. Edificado sobre una horquilla de la carretera que une Aegiali con el pueblo de Tholaria, el hotel se cae sobre la bahía de Aegiali y mira de frente la montaña de Kirikellos, la más alta de Amorgos. A su derecha, en la parte oriental, el mar egeo en un infinito azul que se vuelve dorado con la puesta de sol, momento en el que se suelen ofrecer sesiones de yoga abiertas y gratuitas para los huéspedes. De hecho, esa es otro de su valores diferenciales: su posicionamiento como esapcio de ‘wellness’, con paquetes a medida para retiros de yoga y con uno de los mejores centros de thalassoterapia de todas las Cicladas.
El otra valor singular del hotel es el trato cercano y familiar, tanto de su front desk –Dimitra en los primeros emails, Maria y Nota como ‘guías’ del día a día respecto a playas y restaurantes- y de la propia dueña del hotel, Irene Giannakopoulos, a la que es fácil ver en desayunos, comidas y cenas departiendo e interesándose, de forma personal, por cómo está siendo la estancia no solo en el hotel, sino en Amorgos, donde sus padres fueron pioneros en ofrecer alojamiento para huéspedes en 1965. Se nota ese amor por la isla, muy desconocida aún e inexistente entonces en el radar de los viajeros, incluso griegos.

El monasterio de Panagia Hozoviotissa
La foto de portada de Amorgos se la lleva este monasterio milenario que se incrusta literalmente en la roca de la ladera de un acantilado, a 300 metros de altura. El blanco encalado de sus paredes destaca entre la mole marrón a la que se adosa, y sus pequeñas ventanas le confieren un aire de fortaleza misteriosa que aún refuerza más su atractivo desde el inicio del ascenso, obligatoriamente a pie desde un pequeño parking que hay abajo. Los dos contrafuertes masivos en su fachada frontal le confieren además un aspecto de apego indivisible a la roca, incluso de soporte de la misma.
Por dentro, el atractivo del monasterio es austero, si bien las angostas escaleras con techo enrocado te recuerdan lo inverosímil de su localización. Luego, arriba, el azul enmarcado del mar en las ventanas es emocionante, sin matices. Importante consultar los horarios de visita. Cuando fuimos nosotros, abrían de 10 a 13 y de 17 a 19 horas.



Las playas de Amorgos
Si has estado en alguna isla griega o quieres ir siguiendo lo que has visto publicado de otros viajeros en esas mismas islas, decirte que Amorgos cumple con las expectativas. Tiene playas fantásticas y quizás una paleta de azules que otras no tienen. Puede que el motivo sea porque en ocasiones ves la playa desde muy arriba, o por la rápida profundidad que alcanzan algunas de las calas o quizás porque piedras y arena se combinan para crear un pantone de transiciones muy compactas. Pero Amorgos es azul. Azul fuerte, intenso. ‘El gran azul’, como tituló Luc Besson a su película rodada aquí.
Vamos con las playas que visitamos, en su orden y agrupadas por localización
Levrossos
La playa más cercana a nuestro hotel, pero una de las más bonitas también. Fácil acceso, de arena -detalle importante- y con aguas cristalinas que van del blanco al azul marino. Los tamariscos que cierran la playa, arboles emblemáticos de las Cicladas, ofrecen una sombra gloriosa. La encantadora Levrossos Beach tavern ofrece no menos gloriosas cervezas heladas, así como ricas ensaladas y platos de carne y pescado.

Agios Pavlos y Nikouria
La playa de Agios Pavlos llama la atención desde la carretera. Es una lengua afilada de guijarros que parece un pequeño delta, con una increíble y luminosa agua turquesa a ambos lados. Una ma-ra-vi-lla (deletreado aporta el énfasis que se merece). Y desde esta playa sale cada media hora un barco que en diez minutos te lleva a la isla de Nikouria, inhabitada y con tres calas de arena y aguas cristalinas de mil azules, claro. La principal cuenta con un pequeño quiosco donde tomar bebidas y alguna comida, si bien la oferta es limitada. Sus dos pequeños embarcaderos de madera son una delicia fotográfica.



Agia Anna
Es la cala que se suele visitar antes o después del monasterio de Panagia Hozoviotissa, pues se sitúa abajo, en su vertical, haciendo un tres en raya con otra pequeña e icónica iglesia, que con el mismo nombre que la playa, enmarca una de las fotos más famosas de Amorgos. La cala es pequeña, de rocas -nada de guijarros- y con un acceso final al agua angosto y empinado que suele llenarse de gente y toallas en verano, lo que dificulta aún más la subida o la bajada. Nosotros optamos por un baño rápido.

Kalotaritissa y Mouros
Las dos playas más recomendadas en el sur de la isla son Kalotaritissa y Mouros. La primera, de arena y con aparcamiento delante, muy familiar por tanto, con ‘chiringuito’ -no le llamaría taberna-, hamacas con sombra en un lateral y algunos tamariscos para la versión sin pago. Desde esta playa sale también una embarcación que, como ocurre en Agios Pavlos con Nikouria, conecta con la isla de Gramovusa con salidas cada media hora, si bien nosotros no hicimos esta excursión. Precisamente la interposición de este islote frena el oleaje convierte esta playa de mil azul turquesa en una piscina.
Desde Kolataritssa y de camino a la playa de Mouros, a quince minutos en coche, se puede acceder también a la playa de Liveros (caminata de 20 minurtos) para ver el casco oxidado del barco Olimpia, que nafuragó allí en 1980. También puedes verlo desde arriba -fue nuestro caso.
La playa de Mouros es la otra joya del sur, si bien muy diferente a Kolataritssa. Se trata de una pequeña cala de guijarros a los pies de un acantilado al que se accede tras aparcar cerca del Café Mouros, cuyas vistas por sí solas merecen el avituallamiento en cualquier momento, aparte de que se come bastante bien y se sirven las cervezas más frías de toda la isla. Esta playa, como Agia Anna, gana profundidad a los dos metros y ofrece un azul profundo pero luminoso, infinito en ese continuo simétrico con el cielo.

Los pueblos de Amorgos
Chora
La capital y pueblo principal de Amorgos es Chora, que como el resto de capitales de las Cicladas es un dédalo de calles estrechas y encaladas con suelo patronado de losas con juntas blancas. Las buganvillas, exuberantes aquí como en ninguna otra parte, enraman y dan color a las paredes. Un paseo permite descubrir como las tabernas aprovechan esquinas y escaleras, mientras los gatos hacen lo propio con puertas y ventanas, la mayoría azules, algunas verdes y otras de un rojo intenso. El centro de este centro de la isla es la encantadora plaza de Loza, llena de tabernas y cafés y cuya ligera pendiente señala el camino hacia el Kastro, un castillo veneciano del siglo XIII levantado sobre una imponente roca de 60 metros. Más arriba aún, unos icónicos molinos de viento de tejados rojos custodian Chora.
Langada, Tholaria y Potamos
En la zona norte, cerca de Egiali, se ubican estos tres pueblos de montaña que visitamos en Amorgos: Langada, Tholaria y Potemos. Langada es el pueblo más grande de los tres, donde residen más personas y quizás el más bonito o fotogénico de los tres para pasear, con su laberinto blanco de calles y sus suelos pintados de flores y corazones. Tabernas encantadoras, vecinos, gatos (obvio) y burros salen al paso en cualquier dirección.



Parecido escenario y ambiente en Tholaria, si bien se trata de un pueblo no tan ‘estrecho’ y con unas vistas privilegiadas a la bahía de Egiali. En este pueblo destacan sus animadas tabernas, como Panorama, que fue la única que pudimos visitar y donde descubrimos la mágica combinación que forman la música griega y el psimeni raki, una especie de orujo endulzado con miel o azúcar, canela, clavo y otras especies florales. Lo que empezó como un recital monótono acabó en un baile entregado junto a los nuevos amigos griegos que hicimos en las mesas de al lado -gracias Nota por la recomendación!.
El último pueblo, también volcado y con vistas a la bahía de Aegiali es Potamos, quizás el menos sugerente de los tres, con mayor pendiente para el paseo además -recorrerlo a las doce del mediodía no facilita un recuerdo idealizado, claro.
Qué y dónde comer en Amorgos
Se come rico y bien de precio en Amorgos. La segunda parte es otra singularidad de esta isla respecto a otras Cicladas, incluso vecinas, como Koufonissi, de la que luego os hablo un poco pues pasamos allí una noche antes de volver a Atenas. Tanto en tabernas sobre o frente al mar -que las hay de los dos tipos- como en restaurantes de las dos bahías o de los pueblos de montaña, el ambiente es encantadoramente despreocupado, cercano y cómplice, alejado de ese impersonalismo ‘chic’ -y clónico- que se extiende en otras islas, griegas y del resto del mediterráneo.
A nivel de platos, no os perdáis la fava, una especie de humus -pero muy meloso- hecho con una variante de guisantes amarillos que se cultiva en la isla. Al igual que ocurre en Santorini, aquí es una especialidad autóctona. También destacan las ensaladas marcadas con quesos igualmente locales -‘delicious’ el mizithra-, elaborados a partir de la leche de las cabras de la isla, almas libres que hacen siempre ameno cualquier trayecto en coche por Amorgos. Del raki psimeni como licor digestivo y conector social, ya os hemos hablado.
Y acerca de restaurantes, destacaros tres:
Kostaras (en Egiali), en plena bahía de Egiali, con vistas al mar y resumen perfecto de eso que decíamos de un restaruante sin pretensiones pero rico y cercano.
Taberna Panorama (Tholaria), con buena comida, pero, sobre todo, am-bien-ta-zo si de noche de concierto.
Pyrgos (en Arkesini). No pudimos ir a esta taberna familiar, pero fue una recomendación muy efusiva de una guía local que hablaba español, de nombra Malvina, que nos la localizó como ideal para comer antes o después de visitar las playas de Mouros o Kolataritssa. Su credibilidad de forma exponencial después de enseñarnos varios pasos de baile tradicional griego, raki psimeni en mano.

Día y noche en Koufonissi
Decidimos añadirle una pequeña extensión a nuestra estancia en Amorgos con una visita, con pernota incluida, en Koufonissi, otra ciclada menor ubicada a tan solo 30 minutos y de cuyas playas todo el mundo nos hablaba -incluida Malvina y su credibilidad incólume, que nos insistía en que el azul de esas aguas era diferente, y así se lo remarcaba siempre su madre, que es pintora. Sirvan las fotos para confirmar que la realidad a veces se se ajusta a las expectativas, por altas que estas sean.
La isla se puede recorrer a pie, es cierto. Pero entre las dos playas principales, la de Ammos -junto al puerto y Chora- y la de Pori, hay unos 40 minutos andando. Por este motivo, los ‘taxi boat’ que conectan las playas de la isla y también las de Kato Koufonissi, la otra islita hermana. Nosotros dormimos en Dafnis Studios, en una una sencilla pero limpia y bien ubicada habitación al lado de Chora y el puerto.
El ambiente, el ‘rollo’ de Koufonissi es muy diferente al de Amorgos, como mínimo en agosto. El público también…más internacional, atraído por la llamada de esas playas y una Chora salpicada de tiendas ‘boutique’ y restaurantes alineados, en su mayoría, con esta aspiración. Los precios, también en paralelo. Viniendo de Amorgos, el contraste fue notable. Una isla desnuda y otra vestida para un photocall. En todo caso, volveremos, porque George, de Dafnis Studios, nos asegura que la isla se desviste a partir de octubre y que nos invita a descubrirla en su propio barco…


