¿Y los nombres propios?

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Muchas veces (demasiadas) las compañías olvidan ponerle nombre propio (sí, de personas) a sus servicios y ventajas (por qué alguién habrá detrás, ¿no?). Y sin embargo, pocos elementos reportan mayor credibilidad y confianza  a un mensaje.

Un nombre y un apellido, un cargo y una cara acercan cualquier oferta. La sacan del anonimato.

La reflexión está motivada y actualizada por un anuncio que he visto en la entrada de un banco australiano.

El objetivo es que entres. Y el mensaje es simple, pero potente.

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