Llamar la atención…tiene su riesgo

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En comunicación es clave abrir la puerta. Llamar la atención. Conseguir que el destinatario elija nuestro mensaje de entre los miles que le requieren cada día. Por eso un buen titular es el mejor ariete. Se lee 5 a 1 respecto al texto. Como decía David Ogilvy, «si vas a vender exintores, empieza con fuego». Pero tras llamar la atención hay que cubrir las expectativas, demostrar respeto y credibilidad. De lo contrario, esa llamada de atención no sólo nos desposiciona. Nos exilia. Da igual cómo nos presentemos la próxima vez. Lo mucho que destaquemos. Ya no contamos.

En el metro me encontré el otro día un ejemplo de cómo llamar la atención y morir en el intento. A través de un concepto ya demasiado gastado. Con poca gracia y con una exageración humorística que anula su pretendido efecto. Resultado: sensación de haber perdido el tiempo que uno le ha prestado al anuncio.»Para eso no me hagáis perder el tiempo», «Vale, ya lo sé para la próxima vez», debe pensar más de uno.

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